José Miguel Aravena se incorpora al cuerpo académico del INTA U. de Chile tras adjudicarse concurso académico 2025

Dr. José Miguel Aravena se incorpora al cuerpo académico del INTA
Prof. José Miguel Aravena, especialista en envejecimiento y salud pública, PhD de la Universidad de Yale.
Prof. José Miguel Aravena, especialista en envejecimiento y salud pública, PhD de la Universidad de Yale.

El Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile continúa fortaleciendo sus capacidades académicas y de investigación con la incorporación de nuevos académicos y académicas a través del Concurso Académico 2025, iniciativa orientada a potenciar áreas estratégicas como epidemiología, envejecimiento y bioestadística.

Entre las adjudicaciones destaca la incorporación del Dr. José Miguel Aravena Castro, quien asumirá como Profesor Asistente, integrando la Unidad de Nutrición Pública y el Núcleo de Envejecimiento, desarrollando actividades de investigación, docencia y extensión en epidemiología y salud pública con foco en envejecimiento. A diferencia de los otros académicos seleccionados, es el único que no desarrollaba actividades previas en el Instituto.

El concurso también permitió la incorporación de la Prof. Camila Zancheta Ricardo en el área de Epidemiología Nutricional y Entornos Alimentarios; del Prof. Mario Moya Moya en Envejecimiento, Vejez y Calidad de Vida; y de la Prof. Bárbara Leyton Dinamarca en Bioestadística. En el caso de Moya y Leyton, ambos ya se desempeñaban como profesores adjuntos del Instituto.

Terapeuta ocupacional y licenciado en Ciencia de la Ocupación de la Universidad de Chile, José Miguel Aravena cursó el Magíster en Envejecimiento y Calidad de Vida del INTA antes de continuar su formación doctoral en la Universidad de Yale, donde recientemente obtuvo su PhD en Salud Pública con especialización en ciencias sociales y conductuales.

Sus líneas de investigación se centran en el envejecimiento cognitivo, la prevención de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, así como en el estudio de los determinantes psicosociales que influyen en la salud cerebral a lo largo de la vida. Su trabajo combina metodologías epidemiológicas y cualitativas para comprender cómo las creencias culturales, el entorno y las desigualdades sociales pueden impactar las conductas de autocuidado y el riesgo de deterioro cognitivo.

“El INTA siempre tuvo esta impronta de implementar soluciones que generan impacto en la salud poblacional. Eso me inspiró mucho”, señala el académico, quien conoció el Instituto durante su etapa de formación universitaria y posteriormente como estudiante del Magíster en Envejecimiento y Calidad de Vida.

Aravena destaca especialmente el legado de académicas como la Dra. Cecilia Albala y la matemática Lydia Lera en el desarrollo de investigación local sobre envejecimiento y salud pública. “Me inspiró mucho el trabajo que se hacía acá, esta visión de generar ciencia que tuviera impacto en la vida de las personas”, comenta.

Actualmente, una de sus principales áreas de trabajo apunta a identificar factores potencialmente modificables asociados al desarrollo de Alzheimer y otras demencias, incluyendo estilos de vida, enfermedades crónicas y condiciones sociales, y como estos determinantes influyen en la adopción de condutas de cuidado cerebral y en el riesgo de desarrollar demencia. A partir de ello busca diseñar intervenciones que puedan ser implementadas en contextos reales y transferirse a políticas o estrategias de salud pública.

Durante su doctorado en Yale lideró un estudio comunitario orientado a promover conductas de autocuidado cerebral en personas mayores mediante campañas de concientización sobre prevención del Alzheimer. El proyecto -implementado en centros comunitarios de adultos mayores- mostró mejoras tanto en las conductas preventivas como en el desempeño cognitivo de las personas participantes, además de aumentar la conversación sobre prevención entre usuarios y profesionales de salud.

“El Alzheimer muchas veces se entiende como una consecuencia inevitable del envejecimiento, incluso entre profesionales de salud. Pero hoy sabemos que existen conductas y factores de riesgo que sí se pueden modificar”, explica.

El académico proyecta continuar en el INTA esta línea de investigación, en articulación con la Unidad de Nutrición Pública y avanzar hacia intervenciones aplicadas en atención primaria de salud. También participará en actividades docentes vinculadas al envejecimiento y calidad de vida, además de impulsar nuevos cursos relacionados al diseño y análisis de intervenciones para el cambio de conductas de salud en salud pública. Actualmente, ya integra el equipo que desde el INTA ejecutará el Proyecto Envejecimiento Activo y Saludable (EAS) en la comuna de La Florida, iniciativa de la Universidad de Chile orientada a fortalecer la calidad de vida de las personas mayores mediante un enfoque preventivo en salud. Tras cinco años de implementación en comunas de Chiloé, el programa llegará a la Región Metropolitana con proyección de consolidarse como un piloto de alcance nacional.

“La forma en que vivimos, dónde vivimos y las oportunidades que tenemos también influyen en nuestra salud cerebral. Entender esos factores permite pensar soluciones que tengan impacto real en la calidad de vida de las personas”, concluye Aravena.

 

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