Saludo y agradezco la presencia de nuestra Rectora, la profesora Alejandra Mizala; la Contralora universitaria, Magdalena Gandolfo; de la Prorrectora, profesora Dorotea López; y de la exrectora, profesora Rosa Devés. Saludo a las vicerrectoras y al vicerrector de nuestra Universidad; a las decanas, los decanos y las autoridades de las facultades presentes. Quiero saludar de manera muy especial al profesor Francisco Pérez, Director del INTA hasta hoy, a quien tengo el honor de suceder. Y saludo también a las exdirectoras y exdirectores del INTA: doctor Fernando Vio, doctora Magdalena Araya y profesora Verónica Cornejo. Saludo también a representantes de academias, sociedades científicas e industria; al señor Alejandro Pinto, del CESFAM Dr. Félix de Amesti; y a toda la comunidad del INTA: directivos, académicas y académicos, estudiantes y personal de colaboración:
Recibo esta medalla con emoción y gratitud. Y, sobre todo, con plena conciencia de la responsabilidad que significa dirigir el INTA.
Lo hago en un momento especial. Nuestro Instituto cumple cincuenta años y comienza una nueva etapa. Este aniversario nos invita a valorar el legado de quienes construyeron el INTA. Y también a pensar en el Instituto que Chile necesitará en las próximas décadas.
El INTA nació de una visión integradora. Desde sus inicios entendió una cosa: los grandes desafíos del país no se resuelven desde una sola disciplina. Como dijo el doctor Fernando Mönckeberg: «Los problemas que afectan a la sociedad son siempre complejos y multifactoriales».
Esa convicción marcó su historia. El INTA contribuyó de manera decisiva a enfrentar la desnutrición infantil. Y no se trató solo del peso de los niños. Al nutrirlos a tiempo se protegió su desarrollo cerebral. Así, el doctor Mönckeberg y su equipo le dieron un futuro a este país. El INTA se transformó, además, en un referente nacional e internacional en nutrición, alimentos y salud pública.
Su aporte nunca se limitó al conocimiento. El INTA ha convertido la evidencia científica en políticas públicas y en acciones concretas que han mejorado la vida de las personas. Lo hizo frente a la desnutrición infantil. Lo sigue haciendo hoy, ante los nuevos desafíos de la alimentación. Y deberá seguir haciéndolo: con independencia, rigor científico y compromiso con el bien común.
Hoy Chile enfrenta problemas distintos, pero igual de urgentes. Ellos definen los tres pilares de nuestro proyecto. Primero: avanzar hacia alimentos y sistemas alimentarios saludables y sostenibles. Segundo: responder al envejecimiento de la población con una mejor calidad de vida. Tercero: enfrentar las enfermedades crónicas y otras condiciones nutricionales complejas.
Estos desafíos exigen una mirada transdisciplinaria. Debemos unir la ciencia fundamental, clínica y poblacional con la innovación y la formación. Y también con la asistencia técnica, la vinculación con el medio y las políticas públicas basadas en evidencia. Todo ello al servicio de la nutrición, la salud y la calidad de vida de las personas en Chile y en la región.
Para lograrlo, debemos fortalecer nuestras capacidades y conectar mejor a las personas y unidades del Instituto. Necesitamos una comunidad basada en el respeto mutuo y la colaboración. Una comunidad que cuide la calidad de vida institucional.
También debemos responder a cambios más amplios. El clima cambia. Los sistemas alimentarios son cada vez más internacionales. Esto plantea nuevas preguntas sobre la seguridad y la soberanía alimentarias. Debemos entender cómo estos cambios afectan la salud de las personas. Y también cómo nuestra producción y nuestro consumo afectan la salud del planeta.
Frente a estos desafíos, Campus Sur es una gran oportunidad. Esta colaboración tiene raíces profundas. A comienzos de este siglo, cuatro autoridades compartieron una convicción: sus capacidades eran más fuertes unidas que separadas. El profesor Mario Silva, de Ciencias Agronómicas; el profesor Guillermo Julio, de Ciencias Forestales; el profesor Santiago Urcelay, de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, hoy presente entre nosotros; y el profesor Ricardo Uauy, entonces Director del INTA. De esa voluntad nació Campus Sur. Y en 2002 nació también el Doctorado en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias, uno de sus primeros frutos concretos.
En esos años no existía todavía el concepto de One Health. Ese término se formalizó a nivel internacional recién en 2004. En Chile, la expresión One Health ha ganado fuerza en la última década. Pero en nuestra Universidad es una idea con raíces más antiguas. Gracias a la visión de estos cuatro líderes, la venimos estudiando y cultivando desde comienzos de este milenio. Y con ella hemos formado a nuevas generaciones: científicos, docentes, autoridades públicas y emprendedores. Porque esa alianza ya se adelantaba a los principios del One Health: la salud humana, la salud animal, la producción de alimentos y la salud de los ecosistemas están profundamente conectadas.
Hoy debemos renovar y profundizar ese compromiso. Junto a las facultades de Campus Sur podemos construir una mirada realmente articulada de la nutrición y la tecnología de los alimentos. Desde el suelo y el agua hasta la mesa, y sus efectos en la salud humana y planetaria.
El INTA puede ser un hub: un espacio que reúne y articula. No solo a las facultades de Campus Sur, sino también a otras facultades de la Universidad de Chile, a instituciones, a organismos como el DEMRE, al gobierno central y a los gobiernos regionales, y a organizaciones no gubernamentales, en Chile y en el extranjero. En torno a problemas que nadie puede resolver solo.
Este es el Instituto que queremos seguir construyendo: conectado, colaborativo y comprometido con los grandes desafíos del país.
En este nuevo período fortaleceremos cuatro ámbitos. La investigación de excelencia y su proyección internacional. La formación y los postgrados. La innovación. Y nuestras capacidades especializadas. Queremos que el conocimiento del INTA se traduzca en resultados concretos: políticas públicas bien fundadas, alimentos más saludables, procesos productivos más sostenibles, diagnósticos confiables, nuevas tecnologías y mejores oportunidades para las personas.
Nuestra Asistencia Técnica se creó en 1994, durante la dirección del profesor Ricardo Uauy a partir de una visión pionera: poner el conocimiento y las capacidades científicas del INTA al servicio de las necesidades del país. Por más de tres décadas ha trabajado con rigor, independencia, transparencia y responsabilidad. Así expresa nuestra vocación de «servir a partir de algo concreto».
Nada de esto será posible sin las personas.
Agradezco de corazón a la comunidad del INTA por la confianza que me ha entregado. A quienes construyeron esta institución. A quienes hoy la sostienen con su trabajo diario. Y a las nuevas generaciones, que la proyectarán hacia el futuro.
Agradezco especialmente a Maria Luisa Garmendia y a Angélica Reyes. Y a todas las personas que se han comprometido a acompañar este proyecto.
Quiero agradecer también a mi familia, hoy presente aquí: a Herman, mi marido, y a Matías, nuestro hijo.
Thank you for your love and for your unwavering support. Thank you for believing in me, even when I did not believe in myself. This journey is yours too.
Asumo esta Dirección con una certeza: no es un logro individual. Es una responsabilidad institucional y colectiva. Mi compromiso será escuchar, convocar, conectar capacidades y trabajar junto a toda nuestra comunidad.
Honraremos la historia del INTA proyectando su misión hacia el futuro. Y pondremos toda la fuerza de su conocimiento al servicio de Chile.
Construyamos juntos el futuro del INTA: integrado, colaborativo y con impacto para la sociedad.
Muchas gracias.
